Cómo caramelizar la cebolla

La cebolla caramelizada es esa dorada y tan atractiva y sabrosa que acompaña a muchos platos exquisitos. No es complicada para preparar y sí le daremos muchos usos en nuestra cocina. Un paso más y aprendemos a prepararla!

Su elaboración es bien sencilla. La buena caramelización se realiza sin apenas azúcar, si bien es necesario, para ello, escoger cebollas de variante dulce (las rojas). Una vez que tengamos la cebolla caramelizada, si no la empleamos al momento, podemos guardarla en un frasco de cristal con su tapa en la heladera hasta que la usemos.


Lo que lleva:



Cebolla morada c/n
Aceite o manteca para freír

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Cómo se hace:

Limpiamos bien la cebolla y la cortamos en finas láminas (corte en juliana). En una sartén antiadherente con tapa vertemos un poco de aceite (si es de oliva, mejor) o manteca, espolvoreamos con sal y colocamos las tiras de cebolla para que se cocinen a fuego suave, casi olvidándonos de ellas. De esta manera, los jugos de la cebolla salen poco a poco y se produce la caramelización con la grasa del aceite o la manteca. Esta mezcla recubrirá la superficie de la cebolla y quedará adherida a ella, dotándola de ese aspecto tan característico, dorado y marrón brillante. La única precaución que debemos tener es que no se queme el caramelizado: si esto ocurre, la cebolla adquirirá un desagradable sabor amargo.

Este es el método tradicional y el que queda más sabroso, pero también el que tarda más. En ocasiones necesitamos acelerar el proceso, bien por falta de tiempo, bien porque la cebolla elegida no suelta demasiados jugos. Para conseguir un caramelizado más rápido (y también rico), existen un par de trucos, aunque debemos recordar que se perderá un poquito del sabor original:


  • Sustituir la sal por un poco de bicarbonato. Esto acelera la salida de los jugos de la cebolla y permite que se caramelicen antes. El sabor final es parecido, pero queda un regusto diferente a la cebolla.
  • Agregar una cucharadita de azúcar moreno y un poco de agua. La evaporación del agua, al haber estado en contacto con el azúcar, hace que se forme un caramelo que cubre la cebolla. Hay que cuidar que el proceso no sea demasiado rápido, ya que puede ocurrir que se produzca la caramelización con la cebolla aún cruda.

¡JUANCHO Cocina!

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